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jueves, 14 de marzo de 2013

Las metáforas del mundo on line 18

Marketing y lenguaje tecnokitsch

Ya he expresado en algunas ocasiones que con la expansión de las computadoras personales y más tarde de internet, así como de los múltiples dispositivos mediante los cuales establecemos conexiones para comunicarnos, entre otras actividades que realizamos a diario auxiliados por la tecnología, adoptamos de manera acrítica una serie de expresiones que empobrecen nuestro lenguaje, porque construimos jergas que revelan nuestra dependencia tecnológica.

Si partimos de la base de que una buena parte del “desarrollo” actual se da en plataformas y con instrumentos de tecnología binaria o digital, podríamos también decir que nuestras barbaridades lingüísticas son un síntoma más de nuestra subordinación digital.

Palabras derivadas del inglés, o, peor aún, ligadas a corporaciones o marcas comerciales, forman parte de un tejido verbal que a algunos horroriza, a otros los aísla, a la mayoría la tiene sin cuidado, a unos cuantos nos intriga y a un puñado les despierta inquietud.

Si un tuitero (me temo que no hay equivalencia en castellano para esta palabra) me dijera “Volví a publicar tu foto del concierto y la marcaron como favorita varios de mis seguidores”, es probable que no lo creyera, para empezar porque no tengo cuenta en esa red social y porque son más comunes estas formas: “Le di RT a tu PIC del concierto y le dieron FAV muchos followers.”

Ante eso no hay nada que hacer. Es posible que las generaciones que todavía reciben una educación formal puedan, por algunos años, desempeñarse en un ámbito lingüístico doble o bipolar, con toda la connotación que tiene este término muy de moda, por cierto, entre adolescentes y jóvenes. Es decir, durante algún tiempo el lenguaje formal seguirá ocupando un sitio y el popular, adherido a los usos tecnológicos masivos, otro. Ahora todavía es posible observar a sus practicantes desenvolverse en ambos polos con relativa facilidad. Pero me temo que en términos de lenguaje estamos pisando una tierra inestable y mutante. Estudiar un fenómeno que como tantos otros relacionados con la tecnología digital, va sobre una autopista de alta velocidad, debe ser difícil. De hecho, la llamada por algún tiempo: “Supercarretera de la información”, ya es una frase vetusta. Y con eso creo estar diciéndolo todo.

Lo que no podemos negar es que cada vez es más frecuente la incorporación de la jerga tecnokitsch en ámbitos en los que podríamos ser más cuidadosos. Y no se trata de ser puristas. Pero mientras más cardiólogos, ingenieros, nutriólogos, biólogos, diseñadores, comunicólogos o maestros incorporen a su lenguaje escrito verbos como resetear, escalar (como sinónimo de crecer o de aumentar), reenviar o googlear, y sólo pongo ejemplos comunes, el mundo será más chato.

Cito algunas frases al azar tomadas de la red. De Geek México: “El cosplay de hoy nos fascino” (qué diablos es el cosplay, búsquelo en la red y de paso mande a estos cuates a un curso de acentos rápidos); de marcogonza.blogspot.com: “Una campaña de SEO enfocada en una mala dirección o con palabras claves incorrectas que traen tráfico pero no incrementan el ROI, no es una campaña efectiva”; de Bitelia: “Los 5 errores comunes del Community Manager inexperto”. No me queda más que finalizar con un párrafo crítico de Fedro Carlos Guillén que me divirtió mucho y por supuesto fue escogido con alevosía y ventaja: “Existe una profesión bizarra llamada ‘social media expert’ que algunas personas se asignan y de la cual ignoro el significado pero me suena a mamarrachencia”.

Por cuestiones técnicas, muchas palabras que en el original impreso aparecen en cursivas, en las versiones para red aparecerán en redondas. Peor aún, algunas palabras aparecerán subrayadas y ligadas a un anuncio. Ante eso no se puede hacer mucho.

¿Tendremos salvación? Si no es posible por lo menos hay que divertirnos.

jueves, 31 de mayo de 2012

Las metáforas del mundo on line 15


Multitasking, ¿tara o habilidad?

Esta entrada es un e-fragmento con ligeras modificaciones publicado originalmente en el diario Crónica de Hoy. De manera complementaria a esta entrada, recomiendo la lectura del siguiente texto de la BBC: Cómo internet hace nuestro mundo más cerrado y menos diverso

Imagen retomada de la página boomertechtalk.com.

Darwin para todo


Este debate no es nuevo, se recicla y hasta se inventan neologismos que abarcan algunos malestares producidos por estos excesos: infoxicación, por ejemplo, es un término acuñado por el físico Alfons Cornellá que explica el estado en el que puede caer un individuo sometido a excesos informativos que rebasan su capacidad de proceso.

La crítica a la cultura en línea tiene necesariamente que atravesar por un proceso dialéctico. Algunos de sus apologistas hablan de cambios estructurales en el cerebro que se gestaron prácticamente en el transcurso de una generación.

Las explicaciones darwinistas, tan acogidas por el pensamiento tecnofílico, encuentran en esta tierra abono para el florecimiento de interpretaciones peligrosas que le vienen bien al mercado, que modela, de múltiples formas, a los esclavos del Siglo XXI y una de ellas es echar mano del pobre Darwin a la menor provocación.

Veamos dos de las interpretaciones neoevolucionistas más socorridas:

1)Los más aptos serán aquellos que puedan procesar más información y tomar las decisiones adecuadas sin conflicto. En términos digestivos podría decirse que aquellos que pasen más horas frente a cualquier clase de pantalla conectada a la red, saltando de un vínculo a otro, sin indigestarse, tienen más desarrolladas sus capacidades de adaptación al ambiente. ¿Será?

2)El mundo de los triunfadores, el liderazgo SEO, (escoja por favor la atrocidad verbal del marketing que más le agrade) será para quien sepa manejar adecuadamente el multitasking, barbarismo que explica la habilidad de algunos individuos para atender el celular, hurgar en su nariz y colgar estupideces en su muro de Facebook al mismo tiempo. Visto lo anterior con menos recelo podríamos decir que son los que pueden leer el correo en el teléfono, mientras acomodan su escritorio y acaso saludan con un gesto a un compañero de trabajo.

Si la capacidad de adaptación al ambiente la medimos por horas en línea, consumos digitales y habilidades para desarrollar más de dos tareas a la vez, tendríamos que añadirle a este modelito el elemento cualitativo.

Se trata de un debate que antecede a Google y prosigue con él pues el misterio de su algortimo y la exactitud de sus búsquedas dejan mucho que desear.

En este punto hay quienes sostienen que los más aptos son glotones de bytes de calidad. Un ejemplo hipotético con algunos grados de maniqueísmo, podríamos encontrarlo en esta viñeta de contrastes. De un lado tenemos a quienes leen portales de noticias de calidad mientras escuchan ópera, contra quienes en 140 caracteres le avisan a la cibercomunidad desde su blackberry que comieron una torta de queso de puerco a las 11:00 horas, mientras se limpian las comisuras con el dorso de la mano.

Por supuesto que el consumo y la participación de calidad en línea son más valorados que las participaciones contrarias.

Pero ¿dónde dejamos a quienes prefieren modos de apropiación de conocimiento fuera de línea, a quienes disfrutan más de la música sin hacer otra cosa al mismo tiempo, a quien usa su celular sólo cuando sale de su casa o  a quien, incluso, lo evita?

La digitalización está modificando nuestras vidas. Este proceso, lamentablemente, está acotando los espacios para la libre elección y ahí se está gestando un debate multidisciplinario al que no debemos perderle la pista.

Nota: el contenido de estas páginas  puede utilizarse en otros contextos siempre y cuando se cite al autor, se vincule la dirección si se trata de entornos de red o se cite la fuente cuando se trate de otros formatos. David Gutiérrez Fuentes.

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